
No me despertó el reloj, ni aquella pesadilla que parecía haberse ido con un boleto. No, ni el calor, ni el frío. Una luz de luna en plena mañana, cuando se supone que se llena de sol sobre las nubes que congestionan… ¿Luz de luna? No sé, quisiera eso haya sido la causa. Pero claramente lo que me despertó fue la obsesión, y me dijo esperanza:
“¿Cómo sabes cuando algo realmente te impacta y duele? ¿No tiene que ver eso, que tanto nos intriga “el darse cuenta” lo que desencadena el dolor, pero realmente no te afecta en lo más mínimo y debes manifestarlo de todos modos, porque de lo contrarío creerán que no sientes? Realmente existe el sentimiento, o es el cerebro el responsable ¿Está más que sea el cerebro el amo y señor del cuerpo? ¿Porqué el alma, la emoción, el amor, TODO no puede provenir de él? ¿Qué tiene de malo?”
Me quedé callada y me retorcí en la cama. Volví a dormir, porque esperanza siempre pregunta cosas complicadas que no se contestarle.
Más asustada y más confundida que antes.
Con esos ojos clavados a mi frente desde el techo.
Verdes lagunosos, asesinos y vegetales.

“La mente… El cerebro, eso que tú no posees obviamente rige el resto del cuerpo. Es un misterio, un rompecabezas. Está ahí, todos lo saben pero nadie comprende en plenitud la habilidad total que posee ni mucho menos el rol fundamental que juega. Se estudia, se lee, se usa, se huele y más de alguno lo come… no hay nadie que lo comprenda.
Y... –Guardo silencio, es que tiendo a titubear
y olvido con facilidad las palabras cuando deseo elaborar oraciones oralmente- bueno, no es malo que sea el centro… Y si, a veces hay que actuar de ciertas maneras a pesar de no sentirlo de verdad, se le llama “generar conciencia” no es tan terrible…Permite que otros… otras personas que tienen el cerebro más bloqueado en cuanto a emoción y susceptibilidad puedan recibir… recibir, no sé cierto tipo de medicina, la de la voz, del pensamiento y sentimiento de otros que los haga notar que está mal hacer o decir ciertas cosas…
Se baja del techo lentamente, como animal inspecci
onando el terreno y camina por el muro hasta recostarse conmigo, pelirroja del demonio con esa actitud tan de fiera enjaulada, vegetal como nadie. Porque no existe, va hasta mi oído preguntando:
“¿Y que es bueno, que es malo?”
Tengo hiedra cordillerana cortándome la circulación. De pronto hay bosque, paz y nieve. Pero no hay respuesta para tal brutal pregunta…. Podría repetirle lo que alguien dijo en la televisión, lo que mi madre me enseñó o lo mismo que escucho cada segunda semana de octubre a las ocho en esa iglesia. Busco el cielo entre los árboles, es más azul que el que no puedo ver desde mi habitación, suspiro y lamento no tener respuesta… una válida desde cualquier punto.
Planteo lo siguiente:
o cuando gente muere defendiendo lo que yo odio. Cómo puedo afirmar algo sin quedarme coja en mi defensa.
¡No sé, esperanza, no sé! Vete a tu bosque mágico y déjame dormir que me encanta el fresco revitalizarte de la mañana, pero no merezco estar despierta para sentirlo, déjame dormir y pregúntale a alguien más cómo definiría aquello. Pregúntale a quien lee tal vez, aunque dudo que alguien esté lo suficientemente despierto para contestarte.

